jueves, 31 de marzo de 2011

El piano - Capítulo XII "Llamada misteriosa"

De vuelta en la oficina por la tarde, Raúl comenzó a estructurar su agenda para su viaje a España junto con su secretario. Le gustaba contactar con posibles compradores de piezas que estaban en su poder, así como localizar aquellas adquisiciones que podían resultar rentables para la empresa.

Eligió además del piano, una figura griega en mármol blanco y una puerta de madera árabe para llevar a clientes que sabía de su interés con antelación por esas piezas para ser entregadas en la misma ciudad en la que vivía la señorita Gabriela.

Sevilla... Siempre le gustaba visitar aquella preciosa y encantadora ciudad. Había estado ya un par de veces y, a pesar de haber viajado por diferentes rincones de todo el mundo, era uno de sus preferidos. Todavía recordaba la de veces que había caminado por las calles del llamado Barrio Santa Cruz y como fue su visita a los Reales Alcáceres. Eligió su alojamiento como siempre en el hotel Alfonso XII, siendo el más caro pero el mejor sin lugar a dudas. El se lo podía permitir...

Escuchó como sonó el teléfono en la mesa de Steven, y unos segundos después recibió el “bip” que le indicaba que era una llamada para el:

- Dime Steven.

- Sr. Sanders tiene una llamada de un tal Señor Benger Klein. Dice que ya ha hablado con usted hace unos días.

Raúl se sorprendió, era la misma persona que efectivamente días atrás le había localizado para ofrecerle el doble sobre el piano de Gabriela.

- Sr. Sanders? le paso la llamada o le indico que está usted ocupado.

- No, no. Pásala... – se escuchó un “clic” y entonces habló- Digame?

- Buenas tardes Señor Sanders. Al habla Benger Klein. Disculpe que le llame de nuevo pero tengo que hacerle otra oferta sumamente interesante sobre aquel piano que hablamos – dijo con una voz intensa y con un acento que denotaba que su lengua natal no era el inglés.

- Si le recuerdo perfectamente, pero ya le comenté que ese piano está ya vendido, de hecho ya estamos preparando su traslado para posiblemente la próxima semana. Quizás le interese otro modelo, disponemos de otros pianos y clavecines también muy interesantes y de una conservación exquisita.

- No me ha entendido... Solo estoy interesado en ese piano. Podría ser una herencia familiar que por algún motivo fue vendido en su momento y me gustaría recuperarlo... Por eso triplicaría su precio, si usted me lo permite.

- El que no lo ha entendido es usted Sr. Klein- realmente empezaba a sentirse bastante molesto con la llamada, y mucho más, que alguien pensara que por pagar más dinero iba a conseguir todo lo que quisiera aunque fuese un pianos del siglo... Raul lo había visto muchas veces en su vida. Como personajes adinerados, utilizaban su solvencia económica para conseguir todo tipo de favores. Pero el no era así – El piano no está en venta, así que por favor si usted no está interesado en ninguna otra pieza, amablemente le diré que estoy bastante ocupado y he de terminar algunas cuestiones importantes, así que permítame pasarle de nuevo con mi secretario si necesita cualquier otra cosa o si no esta conversación termina ahora mismo.

- No gracias. Buenas tardes.

- Buenas tardes – contestó Raul y colgó el auricular.

En verdad estaba bastante intrigado por tanta insistencia por ese piano. Recordó de nuevo que esa pieza, junto con otras, habían estado guardadas durante mucho tiempo sin ser llevadas a subasta. Cuando el las descubrió, se encontraban en un pequeño almacén del que aún pagaban alquiler. El pensaba que era algún trastero de sus padres pero cuando vio que eran piezas, algunas de ellas, en buen estado para subastas, no lo dudó un momento y las desalojó todas para proceder a su valoración y posible restauración. Ni siquiera se lo comentó a su padre pero ahora, igual debía tener una conversación con el al respecto. Quizás había una explicación sobre la existencia de ese almacén y sobre todo si el sabría como ese piano había llegado hasta ellos.

lunes, 28 de marzo de 2011

Doll Face



Despierto...frío...siento las articulaciones que se mueven a la vez que agujas parecen que se claven en cada músculo de mi cuerpo?...Abro los ojos...una inmensa oleada de información llena mi mente confusa con datos, números y sucesos... Intento incorporarme. No puedo... Miles de imágenes muestran lo que tuve y no tengo. Ahora recuerdo... elegir entre dejar de latir o seguir latiendo. Mejor la primera opción aunque conlleve mutilar sentimientos y miembros... Levanto mi brazo de metal...Intento llorar, no puedo... Muerte? No...sobrevivo... aunque algunas partes de mi hayan sido desmembradas y anexadas cual muñeca de trapo rota y desmejorada... Ese rostro... mi rostro? Dejadme volver a lo que fui!! Acaso mi corazón no merece un segundo intento??? Muerte?? si... muero...

domingo, 27 de marzo de 2011

La soledad de los números primos - Paolo Giordano

Como introducción a esta excepcional novela, dejemos al texto hablar por sí mismo: «En una clase de primer curso Mattia había estudiado que entre los números primos hay algunos aún más especiales. Los matemáticos los llaman números primos gemelos: son parejas de números primos que están juntos, o mejor dicho, casi juntos, pues entre ellos media siempre un número par que los impide tocarse de verdad. Números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43. Mattia pensaba que Alice y él eran así, dos primos gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de verdad.»

La soledad de los números primos es la historia dos seres que, a pesar de llevar vidas paralelas, marcadas por tipologías de idéntico carácter, muy aptos para una convivencia en común, hay una repulsión visceral, sin motivo aparente entre ellos. Alice es una chiquilla agobiada por las exigencias de su padre y que, en una excursión para hacer deporte esquiando, se deja caer por cierta senda en la que queda postrada esperando su final entre las nieves alejadas de toda visión. Mattia es un chiquillo con una hermana gemela, Michelle, que padece ciertos retrasos mentales. La vergüenza y aislamiento al que le someten sus compañeros de clase debido a su hermana le hacen tomar una decisión que le marcará toda su vida: la abandona en un banco al lado de un río en un bosque que, aun cercano a la casa, bien sabe que ella no sabrá volver sola. Estas actitudes de los dos niños, con el paso de los años, les sumergirán en unos caminos antisociales y de automarginación.

viernes, 25 de marzo de 2011

El piano - Capítulo XI "Recuerdos de adolescencia"



Conduciendo de regreso a casa, comencé a recordar aquella vez en la que tomé la decisión de decirle a mi padre que quería dejar las clases de piano. Por aquel entonces tenía 14 años y era fan de un grupo de chicos que más que cantar, gritaban, por lo que tocar música clásica era para mí, según entendía entonces, todo lo contrario a lo moderno y “a la moda”. Claro que entonces no me daba cuenta de lo que yo misma disfrutaba tocando el piano y como adoraba a los clásicos.

Mi padre se enfureció y gritó tachándome de desagradecida. Nunca antes me había hablado de esa forma, por lo que me di cuenta de la importancia que tenía para él que siguiera con mis clases de piano. Lloré muchísimo, más por haber disgustado a mi padre, que por el hecho en sí de tener que seguir tocando. Mi madre, como siempre conciliadora, me tomó de la mano y me llevó al salón donde teníamos un viejo piano que un vecino ya mayor, nos había dejado para que yo pudiese practicar en casa. Sacó un pañuelo, enjugó mis lágrimas y sonriéndome me dijo:

- Elige tu favorita, la que más te guste y tócala... Luego te haré una pregunta.

Algo confusa y sin poder decir nada por el nudo que aún estaba en mi garganta, asentí con la cabeza y coloqué mis manos sobre el teclado. Mis dedos comenzaron a moverse fluyendo las notas que serenaron mi cuerpo. Cerré los ojos, no me hacía falta tenerlos abiertos para tocar aquella pieza. Entonces sonreí y, al abrir los ojos de nuevo, me encontré con la mirada de mi madre que a su vez también me sonreía. Puso una mano en mi hombro y ya no hizo falta que me hiciera ninguna pregunta puesto que sabía la respuesta...

- Sí mamá...adoro tocar el piano...

Al llegar a casa lo primero que hice fue dirigirme hacia el dormitorio de mis padres. La última vez que entré, fue para dejar una bolsa de plástico negra encima de la cama e inmediatamente salir sin tan siquiera mirar en su interior...

Abrí la puerta intentando tener el pulso lo más firme posible aunque me dí cuenta que mi mano temblaba. Junté las dos manos y respiré profundamente antes de dar un paso al interior de la habitación. Como las ventanas estaban cerradas y las persianas echadas, solo podía distinguir la silueta de los muebles, aun así, numerosos recuerdos se agolparon en mi cabeza como si se metieran todos de una vez dentro de una coctelera y estuviera a punto de pulsar el botón de encendido para salir corriendo y destrozarlos con las cuchillas de la ignorancia.

Encima de la cama, distinguí lo que había venido a buscar. Di unos pasos más, era como si estuviera midiendo la distancia, no más de la necesaria, para alargar mi brazo y poder coger aquella bolsa. Eso hice, la agarré con fuerza para acercarla a mi pecho mientras sentía como si un peso arqueara mi espalda. Giré sobre mis talones y como un autómata, recorrí el poco espacio que me distaba del pasillo cerrando la puerta con un portazo que me pareció de lo más doliente. No sé porque lo hice pero me volví y, sosteniendo la bolsa con una mano, coloqué la otra sobre la puerta y susurré “lo siento”.

Música: Chilhood -Yann Tiersen

miércoles, 23 de marzo de 2011

lunes, 21 de marzo de 2011

La mujer de la noche


Imagen sacada de Second Life (Juego virtual)
Personaje NEFTISIS

Su mirada era su fuerza. Los hombres la adoraban simplemente con oler su aroma. Su rostro tan pálido, era como un conjunto de luciérnagas que ilumanaban la oscuridad de la noche. Su risa desconocida y su llanto, mudo... El día escondía su hermoso cuerpo mientras la noche lo mostraba para llevar a cabo su venganza...Escogía al más apuesto y, con un simple gesto, conseguía que la siguiera hasta el mismísimo infierno...Solo un beso, nada más...la sed de sangre hacía el resto...

jueves, 17 de marzo de 2011

El piano - Capítulo X "Viaje a España"

Raúl cogió el teléfono y contestó:


- Si

- Señor Sanders tiene una llamada de una Gabriela Swan desde España...¿le paso la llamada? – dijo su secretario con voz clara.

- Si por favor Steve...

- ¿Hola? - se escuchó al otro lado de la línea.

- Si Señorita Swan. Soy el señor Sanders.

- Por favor llámeme Gabriela. Se me hace raro lo de señorita Swan.

- De acuerdo Gabriela... en ese caso puede llamarme también por mi nombre si quiere.

- Raul, no?

- Si... – sintió algo extraño al escuchar como ella pronunciaba su nombre – ehm...esto... recibió mi fax no? Iba a llamarle, como le comenté la última vez que hablamos, pero se ha adelantado.

- Si bueno... Quería solucionar esto cuanto antes.

- Pues claro. Precisamente quería comentarle al respecto. Verá, tengo que ir a España por viaje de negocios. Estaba pensando en aprovecharlo para yo mismo ocuparme del traslado del piano, de ese modo digamos que me aseguraría personalmente de que llegue en perfecto estado.

- Pues...se lo agradezco muchísimo pero usted me dijo que no habría problema, que el embalaje era seguro, no me gustaría que tuviera que molestarse.

- No es molestia, se lo aseguro. Además ya le digo que tengo que ir por negocios. En su ciudad hay casas de antigüedades que me gusta visitar y hace verdaderamente mucho tiempo que tenía organizado ir. Su regalo será también para mí como una obligación para hacerlo.

- ¿Para cuándo sería eso?

- Pues a finales de mes. Debo establecer mi agenda y retomar contactos en España aún. ¿Le parece bien?

- Si. Sería perfecto... aún... aún estoy habituándome a algunas cosas. Me gustaría, eso si, saber las medidas del clavecín. Ehm... tendré que ir viendo donde colocarlo...

- Claro...le diré a mi secretario que le vuelva a enviar un fax con las medidas. Incluso si quiere le envío una foto.

- No...prefiero verlo cuando esté ya aquí. Las fotos nunca muestran del todo la belleza de las cosas.

Raúl sonrió. El en cierta medida era de la misma opinión. Jamás había adquirido una obra de arte, fuese la que fuese, sin haberla visto anteriormente en persona..

- Si... Le mandaré las medidas por fax. Yo tengo una idea pero no las se exactas.

- De acuerdo. Gracias Raúl – Gabriela suspiró y algo dubitativa preguntó – ¿Le...le dijo algo mi padre...? quiero decir...no se....

- Se lo que quiere decir... Quiere saber lo que hablé con su padre... La última conversación que tuve con él fue precisamente a su llegada a Londres para establecer una visita a mis almacenes al día siguiente. Se empeñó mucho en ver el clavecín antes de ser embalado... Aún así me extrañó que pusiera tanto empeño en pagarlo antes de adquirirlo. Por lo normal se ingresa la mitad del importe de la pieza y posteriormente la otra mitad en la entrega. Pero el me dijo una frase que no me dejó duda de que tenía la certeza de que sabía lo que hacía.

- ¿Qué frase? – me mordí el labio algo emocionada por lo que Raúl estaba contando.

- Pues... su padre me dijo... “no tengo la menor duda de que mi hija sabrá descubrir hasta los acordes más ocultos y jamás antes escuchados que este clavecín ofrece en su interior”.

martes, 15 de marzo de 2011

Nessun Dorma - Pavarotti



Nessun dorma! nessun dorma!
tu pure, o principessa,
nella tua fredda stanza
guardi le stelle
che tremano d'amore
e di speranza.
Ma il mio mistero é chiuso in me,
il nome mio nessun saprà!
no, no, sulla tua bocca lo dirò
quando la luce splenderà!
Ed il mio bacio scioglierà il silenzio
che ti fa mia!
Dilegua, o notte!
tramontate, stelle!
tramontate, stelle!
all'alba vincerò!
vincerò, vincerò!
vincerò!

jueves, 10 de marzo de 2011

El piano - Capítulo IX "Mrs. Sanders"

Raúl miró el justificante de fax junto con la documentación que Steve había enviado hacía aproximadamente una hora a la señorita Swan.

- Cogió su teléfono móvil he hizo una llamada.

- Ya pensaba que te habías olvidado de mi...- se escuchó después de descolgar al otro lado.

- Siempre me dices lo mismo mamá y sabes que no es cierto. ¿Cómo estás?

- Bien, estoy organizando la maleta de tu padre sale de viaje.

- ¿Solo? – Raúl frunció el ceño mientras tomaba asiento tras su mesa de despacho.

- Si...al parecer un amigo suyo le ha llamado. Es un señor alemán con el que tuvo mucho contacto cuando tu padre llevaba la empresa y bueno, hace mucho que no se ven. Yo le animo a que vaya, tu padre pasa demasiado tiempo metido en la biblioteca ya lo sabes.

- Recuerdo un señor alemán con mucho bigote – se quedó pensativo mientras jugaba con un abrecartas – nunca me gustó mucho. De pequeño me daba miedo. ¿Es ese?

- Sí... ¿aún te acuerdas? Pero si tú eras muy pequeño... – sonrío mientras recordaba como su hijo se escondía tras su falda cuando aparecía en el salón – En verdad a mi tampoco me gustaba mucho pero ya sabes que poco podía yo opinar en cuestión de negocios con tu padre.

- Ahora entiendo que no le acompañes – se escuchó la risa lejana de su madre.

- Sí...¿y tú como éstas?

- Bueno te llamaba porque pensaba ir el fin de semana para veros... Igual me quedo hasta que papá regrese así te hago compañía. Necesito unos días de descanso y luego tengo pensamiento de ir a España por un tiempo para adquirir nuevas obras.

- Estupendo!! Ya sabes que me encanta que vengas. Le diré a Roberto que prepare tu habitación.

- Mamá... nada de fiestas ni invitaciones “casuales” para tomar un aperitivo ¿vale?

- Esta bien, esta bien. ¿Para cuando llegas?

- Pues mañana viernes sobre las ocho... para cenar estaré ahí.

- Tu padre sale a primera hora así que no lo verás... ¿quieres que te ponga con el?

- Ehm...mejor ya lo veré a su regreso. Tengo que hablar unas cuestiones con el de la empresa pero pueden esperar para su vuelta.

- Esta bien...

- Se escuchó un pitido y miró el teléfono se su mesa donde parpadeaba una luz roja.

- Mamá he de dejarte tengo una llamada.

- Te veo mañana cariño.

- Hasta mañana...

martes, 8 de marzo de 2011

Faith Evans - Mesmerized

Una tiene ya una edad...:P que hasta un resfriado la tiene KO unos días. Pero ya estoy aquí de vuelta otra vez y con ganas de poneros musiquita de las mías que me gusta bailar en casa mientras le doy a la "ballerina"... Si, ese momento del día en el que te reencuentras con el limpiacristales, la lejía, el estropajo, la señora escoba junto con su cuñada la fregona hermana del recogedor... Es en esos momentos cuando te acuerdas de aquel anuncio que dice "el frotar se va a acabar" y se te escapa una palabra mal sonante de la boca porque sabes que eso NO es cierto. Aunque lo que más odio en relación a "tareas del hogar", donde el tumbing y zapping deberían ser asignaturas diarias obligatorias, es planchar... Se me vuelven los ojos como la niña del exorcista cada vez que lo pienso... Pero bueno no pierdo la cabeza ni me da vueltas como ella, respiro hondo y me pongo al lío...
¿Que porqué he soltao este rollo? Pues ni idea será que aún tengo las drogas medicinales por mis venas...disculpenme ustedes... PLAY y disfruten con el video...^^


jueves, 3 de marzo de 2011

El piano - Capítulo VIII "La sala de profesores"

Colgé el teléfono y me quedé fijamente mirando mis viejas Convers. Recordé como mi madre había querido tirarlas en un par de ocasiones..

- "Pero nena...están muy viejas...Ya sabes que no es un calzado adecuado pero si te gustan tanto yo te compraré unas nuevas vale?

- Mamá me traen suerte...aprobé las oposiciones con ellas, conseguí el puesto que quería en el conservatorio y no se...tampoco están tan viejas!!”

- Gabriela? .... estás bien? – dijo una voz femenina.

- Perdona!! – contesté y me levanté de la mesa donde estaba apoyada como si una cuerda hubiera tirado de mí – solo estaba pensando sobre la próxima clase discúlpame Sonia.

- No parecía eso...-contestó Sonia con una mirada penetrante- seguro estás bien?

Sonia era lo más parecido a mi mejor amiga dentro y fuera del trabajo. Menuda, bajita y con pecas, aparentaba mucho menos edad de la que verdaderamente tenía. Era la directora del centro y desde el primer día habíamos conectado a la perfección. Su marido, Enrique y sus dos hijos, Luis y Ana, habían sido las únicas personas con las que había tenido un contacto casi a diario el último mes. En cierta manera, eran como mi familia...la única que me quedaba.

- Si, si...en serio. No te preocupes de verdad - sonreí.

- Esta bien porque tengo que comentarte algunos cambios de horarios de clases. Tenemos una baja y tendrás que suplirla. Me dijiste que querías implicarte aún más en las actividades del conservatorio... esta es una oportunidad y te vendrá bien mantenerte más ocupada pero si no quieres pues buscare a otra persona.

- Esta bien... me apetece mucho no busques a nadie lo haré yo.

- De acuerdo – Sonia extendió su brazo con una carpeta marrón y sonriéndole le dijo – empieza ya!!...perdona que te meta prisa pero mañana mismo tienes una actividad fuera del centro y hay que organizarla.

- A la orden jefa!! – tomé la carpeta y me dirigí hacia mi mesa al otro extremo del aula de profesores. Al abrirla el corazón se me encogió. Era una visita a los mejores estudios de grabación de música clásica de la ciudad. Yo misma, hacía un par de años, había conseguido que se realizaran este tipo de visitas. No era nada meritorio, simplemente mi pareja de entonces, Jorge, trabajaba allí y era uno de los técnicos de sonido. Levanté la cabeza y allí estaba Sonia mirándome con esa sonrisa pícara que conocía muy bien – A que viene esto...

- No pienses lo que no es. Tengo una baja, es cierto. Si ha coincidido con esa visita no tengo la culpa. Ya te dije que si no quieres mando a otra persona con los chicos.

- Iré yo. Pero quita esa sonrisa de tu cara. Sabes muy bien que cuando rompí con Jorge era algo que no tenía vuelta atrás así que porque nos volvamos a ver después de ... más de un año? No va a significar nada. Y ya se que te gusta mucho para mí y bla bla... Pero déjalo vale?

- Vaaale – Sonia levanto las manos en señal de rendición – No diré nada... Pero hablaste con el hace un mes... te llamó por lo de tus padres...

- Mucha gente me llamó y no quiere decir nada – cruce los brazos y la miré con cara de pocos amigos.

- Esta bien esta bien – dijo mi amiga recogiendo carpetas de su escritorio y dirigiéndose posteriormente hacia la puerta del aula para salir – Vienes a cenar esta noche a casa?

- Nena, no puedo estar cenando todos los días en tu casa. Debo...debo acostumbrarme a cenar sola.

- Pizza y peli en blanco y negro?

- Allí estaré – sonreí y Sonia me guiñó un ojo antes de salir por la puerta.

El fax comenzó a sonar... Me levanté y observé como aparecía una factura con un extraño logotipo y en la que se podía leer...



VDC ANTIQUES, S.A.