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jueves, 17 de marzo de 2011

El piano - Capítulo X "Viaje a España"

Raúl cogió el teléfono y contestó:


- Si

- Señor Sanders tiene una llamada de una Gabriela Swan desde España...¿le paso la llamada? – dijo su secretario con voz clara.

- Si por favor Steve...

- ¿Hola? - se escuchó al otro lado de la línea.

- Si Señorita Swan. Soy el señor Sanders.

- Por favor llámeme Gabriela. Se me hace raro lo de señorita Swan.

- De acuerdo Gabriela... en ese caso puede llamarme también por mi nombre si quiere.

- Raul, no?

- Si... – sintió algo extraño al escuchar como ella pronunciaba su nombre – ehm...esto... recibió mi fax no? Iba a llamarle, como le comenté la última vez que hablamos, pero se ha adelantado.

- Si bueno... Quería solucionar esto cuanto antes.

- Pues claro. Precisamente quería comentarle al respecto. Verá, tengo que ir a España por viaje de negocios. Estaba pensando en aprovecharlo para yo mismo ocuparme del traslado del piano, de ese modo digamos que me aseguraría personalmente de que llegue en perfecto estado.

- Pues...se lo agradezco muchísimo pero usted me dijo que no habría problema, que el embalaje era seguro, no me gustaría que tuviera que molestarse.

- No es molestia, se lo aseguro. Además ya le digo que tengo que ir por negocios. En su ciudad hay casas de antigüedades que me gusta visitar y hace verdaderamente mucho tiempo que tenía organizado ir. Su regalo será también para mí como una obligación para hacerlo.

- ¿Para cuándo sería eso?

- Pues a finales de mes. Debo establecer mi agenda y retomar contactos en España aún. ¿Le parece bien?

- Si. Sería perfecto... aún... aún estoy habituándome a algunas cosas. Me gustaría, eso si, saber las medidas del clavecín. Ehm... tendré que ir viendo donde colocarlo...

- Claro...le diré a mi secretario que le vuelva a enviar un fax con las medidas. Incluso si quiere le envío una foto.

- No...prefiero verlo cuando esté ya aquí. Las fotos nunca muestran del todo la belleza de las cosas.

Raúl sonrió. El en cierta medida era de la misma opinión. Jamás había adquirido una obra de arte, fuese la que fuese, sin haberla visto anteriormente en persona..

- Si... Le mandaré las medidas por fax. Yo tengo una idea pero no las se exactas.

- De acuerdo. Gracias Raúl – Gabriela suspiró y algo dubitativa preguntó – ¿Le...le dijo algo mi padre...? quiero decir...no se....

- Se lo que quiere decir... Quiere saber lo que hablé con su padre... La última conversación que tuve con él fue precisamente a su llegada a Londres para establecer una visita a mis almacenes al día siguiente. Se empeñó mucho en ver el clavecín antes de ser embalado... Aún así me extrañó que pusiera tanto empeño en pagarlo antes de adquirirlo. Por lo normal se ingresa la mitad del importe de la pieza y posteriormente la otra mitad en la entrega. Pero el me dijo una frase que no me dejó duda de que tenía la certeza de que sabía lo que hacía.

- ¿Qué frase? – me mordí el labio algo emocionada por lo que Raúl estaba contando.

- Pues... su padre me dijo... “no tengo la menor duda de que mi hija sabrá descubrir hasta los acordes más ocultos y jamás antes escuchados que este clavecín ofrece en su interior”.

jueves, 10 de febrero de 2011

El piano - Capítulo V "Un posible viaje"

Centró de nuevo su atención en aquel piano... Cada vez que adquiría una antigüedad, pasaba a formar parte de él, como si se tratase de una extensión de su brazo, de su pierna, de su vida... Sonrío para sí mismo ante tan descabellada reflexión y poso su mano en la tapa que escondía el teclado para levantarla y tocar con dos dedos un par de teclas. El sonido resonó con algo de eco en aquel oscuro almacén, llenándolo de una melodía monótona pero a su vez delicada.

- Creo que no debes viajar solo...quizás te acompañe...¿qué me dices? – arrugo la frente y se sorprendió a sí mismo por el pensamiento en voz alta que acababa de hacer. Hacía mucho tiempo que no viajaba a España pero, ¿verdaderamente lo hacía por el piano o por esa voz tras el teléfono que aún resonaba en su cabeza? Cerró la tapa del piano y suspiró profundamente antes de dirigirse de nuevo a la salida del almacén para cerrarla con llave.

Miró su reloj de muñeca y se dio cuenta que ya era muy tarde. Había quedado para desayunar como siempre hacía con su amigo Antuan, un reconocido pujador de Somersby que trabajaba para él desde hacía mucho tiempo incluyendo muchas de las adquisiciones de la empresa en pujas donde se llegaba a recaudar a veces importes astronómicos que, en muchas ocasiones, ni él mismo podía esperar.

Cogió su abrigo y su portátil para dirigirse hacia la puerta de salida no sin decirle antes a Steve, su secretario, donde se dirigía:

- Steve, marcho a verme con Antuan. Tengo que mirar con el lo de la próxima subasta.

- De acuerdo Sr. Sanders. Le localizaré en su móvil si surge algo.

Asintiendo con la cabeza, salió al exterior dirigiéndose a la boca de metro más cercana. Aunque Raúl podía permitirse tener un coche lujoso e incluso un chofer que le llevara y trajera del trabajo, siempre le gustaba ir en metro para formar parte de la ciudad, la gente y el ruido. Había intentado varias veces acomodarse a los lujos que su apellido y posición le permitía, pero se había aburrido tanto, que dejó de hacerlo hace años. Suerte que sus padres, ya algo mayores, cada vez organizaban menos fiestas en las que siempre asistían personajes ilustres de la ciudad londinense. Para él era un auténtico martirio aguantar toda una noche mientras su madre sobre todo, se empeñaba en emparejarle con alguna chica burguesa en edad de casamiento.

Sonrío pensando como ella se enfadaba ante su poca muestra de interés en buscar una familia estable, pero sabía que ella le adoraba y siempre terminaba riéndose cuando la abrazaba y le daba un fuerte beso en la mejilla. Su madre lo era todo para él... la única que verdaderamente había estado siempre a su lado, la que también sufrió junto con él, las ausencias de su padre... Hacía tiempo no la visitaba, seguramente lo haría antes de irse a España. De nuevo esa idea ocupo su mente y recordó la voz de esa chica...No sabía porqué de repente se veía tan involucrado e interesado en ir personalmente, pero algo le decía que debía hacerlo.

Al llegar a su parada de metro, salió del vagón para dirigirse entre empujones, hacia la salida donde le esperaba su amigo.

miércoles, 19 de enero de 2011

El piano - Capítulo II "Regalo de cumpleaños"

- Ehm...si..bueno no he estado muy localizable lo siento. Pero dígame...¿de donde me llama?

- Oh si!! Perdóneme señorita Swan. Llamo de una empresa de antigüedades en Londres. Su padre estuvo muy interesado en una pieza de mucho valor que vio en nuestro catálogo y nos la compró. El y su esposa iban a venir personalmente a llevarse la pieza para supervisar su embalaje y todo lo demás pero como desgraciadamente...

- De que se trata – interrumpí con voz neutra y algo desagradable.

- Un piano del siglo XVIII. Más parecido a un clavecín si sabe usted a lo que me refiero. Le diré que ha sido durante mucho tiempo una de mis piezas más preciadas ya que fue adquirida por mi padre en 1944 y nunca quiso incluirlo en ninguna puja... La verdad no se el porque... Pero discúlpeme no quiero importunarle mucho más. El caso es que su padre tuvo mucho empeño en hacerse con él y la verdad, me pareció el más adecuado para vendérselo, sobre todo cuando supe que era para regalárselo a su hija...es decir...usted...


..... Sin poder evitarlo me llevé la mano a la boca ante la sorpresa y mis ojos se humedecieron. Mi cumpleaños...unos días después de su viaje a Inglaterra yo cumplía 30 años. Estaba segura que ese piano era mi regalo. Como pude tragé saliva y contesté:

- Entiendo...pero no se que tengo que hacer..quiero decir, tengo que ir yo a recogerlo?..como..?

-
Oh no no!! Podemos enviárselo nosotros. Estaría perfectamente embalado no sufrirá daño alguno. Su padre lo pagó por adelantado, pero ha de darme su dirección pues no la tenemos en nuestro archivo. Si quiere puedo mandarle por fax el recibo de la venta y una tarjeta nuestra para que vea que está todo en regla.

- Ehm...Escuche señor....¿cómo me dijo?

- Sanders...


- Si eso, señor Sanders... ahora mismo es que salgo para el trabajo y no puedo entretenerme demasiado. Déjeme que yo le llame más tarde a este número y le daré un fax. ¿Le parece?


- De acuerdo, no hay problema por mi parte.


- Muy bien, gracias por llamarme.


- A usted señorita Swan.


- Hasta luego entonces...

viernes, 14 de enero de 2011

El piano - Capítulo I "Un nuevo comienzo"

Siempre había pensado que la soledad es un estado de ánimo transitorio que con el tiempo, se diluía dejando huecos reutilizables para llenarlos de cualquier cosa menos de miedo e incertidumbre.
Desde la muerte de mis padres, esa soledad que debía desaparecer, aun se empeña en quedarse a mi lado y entablar conversaciones conmigo que, aunque son de una amabilidad absoluta, no dejan lugar a ningún desahogo, sino que por el contrario se hace más palpable la ausencia de los dos.

Siete de la mañana... La vida continúa. Abrí los ojos y el silencio estuvo a punto de hacerme llorar de nuevo. Ya había perdido la cuenta de cuantas veces había estado llorando en las últimas semanas, pero haciendo un esfuerzo, salté de la cama y me fui directa a darme una ducha. Debía darme prisa si quería llegar puntual al conservatorio, mis alumnos siempre han sido muy exigentes. Una sonrisa hizo que mi boca cambiara el gesto que se había instalado permanentemente en mi rostro. Si, estaba impaciente por comenzar de nuevo con las clases.
Me vestí rápidamente con unos vaqueros, una camiseta y un suéter. Ignorando mirar hacia la planta de arriba de la casa, entre en la cocina para coger una manzana. Últimamente no me apetecía comer demasiado. Cogí las llaves del coche, mis carpetas de partituras y me dirigí hacia la puerta para salir. En ese momento sonó mi móvil. Como pude lo localice entre el desorden de mi enorme bolso y descolgué sin mirar quien era:
- ¿Si?
- Hola buenos días...pregunto por la señorita Gabriela Swan – una voz masculina con acento extranjero y profunda hizo detenerme justo cuando iba a quitar el seguro de la puerta.
- Ehm...si...soy yo...¿con quién hablo? – contesté con el ceño fruncido.
- Soy Raul Sanders...no me conoce...Nos ha costado mucho dar con usted...– hubo un momento de silencio entre ambos. El hombre se aclaro la garganta y continuo – Verá señorita Swan, su padre, el doctor Swan, tenía que haber venido a recoger algo que había encargado y bueno, aun está aquí preparado. Estuvimos llamando a su móvil y al teléfono de su casa, pero fue imposible saber de el hasta que ya nos enteramos de lo sucedido... y por fin hemos conseguido localizarla a usted.
Me giré y observé el cable del teléfono que había arrancado de la pared el día que decidí que ya se había superado el cupo de recibir condolencias... Iba a necesitar llamar a la compañía para que me instalaran uno nuevo...