Su mirada era su fuerza. Los hombres la adoraban simplemente con oler su aroma. Su rostro tan pálido, era como un conjunto de luciérnagas que ilumanaban la oscuridad de la noche. Su risa desconocida y su llanto, mudo... El día escondía su hermoso cuerpo mientras la noche lo mostraba para llevar a cabo su venganza...Escogía al más apuesto y, con un simple gesto, conseguía que la siguiera hasta el mismísimo infierno...Solo un beso, nada más...la sed de sangre hacía el resto...
