Como introducción a esta excepcional novela, dejemos al texto hablar por sí mismo: «En una clase de primer curso Mattia había estudiado que entre los números primos hay algunos aún más especiales. Los matemáticos los llaman números primos gemelos: son parejas de números primos que están juntos, o mejor dicho, casi juntos, pues entre ellos media siempre un número par que los impide tocarse de verdad. Números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43. Mattia pensaba que Alice y él eran así, dos primos gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de verdad.» La soledad de los números primos es la historia dos seres que, a pesar de llevar vidas paralelas, marcadas por tipologías de idéntico carácter, muy aptos para una convivencia en común, hay una repulsión visceral, sin motivo aparente entre ellos. Alice es una chiquilla agobiada por las exigencias de su padre y que, en una excursión para hacer deporte esquiando, se deja caer por cierta senda en la que queda postrada esperando su final entre las nieves alejadas de toda visión. Mattia es un chiquillo con una hermana gemela, Michelle, que padece ciertos retrasos mentales. La vergüenza y aislamiento al que le someten sus compañeros de clase debido a su hermana le hacen tomar una decisión que le marcará toda su vida: la abandona en un banco al lado de un río en un bosque que, aun cercano a la casa, bien sabe que ella no sabrá volver sola. Estas actitudes de los dos niños, con el paso de los años, les sumergirán en unos caminos antisociales y de automarginación.

