lunes, 28 de marzo de 2011
Doll Face
domingo, 27 de marzo de 2011
La soledad de los números primos - Paolo Giordano
Como introducción a esta excepcional novela, dejemos al texto hablar por sí mismo: «En una clase de primer curso Mattia había estudiado que entre los números primos hay algunos aún más especiales. Los matemáticos los llaman números primos gemelos: son parejas de números primos que están juntos, o mejor dicho, casi juntos, pues entre ellos media siempre un número par que los impide tocarse de verdad. Números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43. Mattia pensaba que Alice y él eran así, dos primos gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de verdad.» La soledad de los números primos es la historia dos seres que, a pesar de llevar vidas paralelas, marcadas por tipologías de idéntico carácter, muy aptos para una convivencia en común, hay una repulsión visceral, sin motivo aparente entre ellos. Alice es una chiquilla agobiada por las exigencias de su padre y que, en una excursión para hacer deporte esquiando, se deja caer por cierta senda en la que queda postrada esperando su final entre las nieves alejadas de toda visión. Mattia es un chiquillo con una hermana gemela, Michelle, que padece ciertos retrasos mentales. La vergüenza y aislamiento al que le someten sus compañeros de clase debido a su hermana le hacen tomar una decisión que le marcará toda su vida: la abandona en un banco al lado de un río en un bosque que, aun cercano a la casa, bien sabe que ella no sabrá volver sola. Estas actitudes de los dos niños, con el paso de los años, les sumergirán en unos caminos antisociales y de automarginación.
viernes, 25 de marzo de 2011
El piano - Capítulo XI "Recuerdos de adolescencia"
Conduciendo de regreso a casa, comencé a recordar aquella vez en la que tomé la decisión de decirle a mi padre que quería dejar las clases de piano. Por aquel entonces tenía 14 años y era fan de un grupo de chicos que más que cantar, gritaban, por lo que tocar música clásica era para mí, según entendía entonces, todo lo contrario a lo moderno y “a la moda”. Claro que entonces no me daba cuenta de lo que yo misma disfrutaba tocando el piano y como adoraba a los clásicos.
Mi padre se enfureció y gritó tachándome de desagradecida. Nunca antes me había hablado de esa forma, por lo que me di cuenta de la importancia que tenía para él que siguiera con mis clases de piano. Lloré muchísimo, más por haber disgustado a mi padre, que por el hecho en sí de tener que seguir tocando. Mi madre, como siempre conciliadora, me tomó de la mano y me llevó al salón donde teníamos un viejo piano que un vecino ya mayor, nos había dejado para que yo pudiese practicar en casa. Sacó un pañuelo, enjugó mis lágrimas y sonriéndome me dijo:
- Elige tu favorita, la que más te guste y tócala... Luego te haré una pregunta.
Algo confusa y sin poder decir nada por el nudo que aún estaba en mi garganta, asentí con la cabeza y coloqué mis manos sobre el teclado. Mis dedos comenzaron a moverse fluyendo las notas que serenaron mi cuerpo. Cerré los ojos, no me hacía falta tenerlos abiertos para tocar aquella pieza. Entonces sonreí y, al abrir los ojos de nuevo, me encontré con la mirada de mi madre que a su vez también me sonreía. Puso una mano en mi hombro y ya no hizo falta que me hiciera ninguna pregunta puesto que sabía la respuesta...
- Sí mamá...adoro tocar el piano...
Al llegar a casa lo primero que hice fue dirigirme hacia el dormitorio de mis padres. La última vez que entré, fue para dejar una bolsa de plástico negra encima de la cama e inmediatamente salir sin tan siquiera mirar en su interior...
Abrí la puerta intentando tener el pulso lo más firme posible aunque me dí cuenta que mi mano temblaba. Junté las dos manos y respiré profundamente antes de dar un paso al interior de la habitación. Como las ventanas estaban cerradas y las persianas echadas, solo podía distinguir la silueta de los muebles, aun así, numerosos recuerdos se agolparon en mi cabeza como si se metieran todos de una vez dentro de una coctelera y estuviera a punto de pulsar el botón de encendido para salir corriendo y destrozarlos con las cuchillas de la ignorancia.
Encima de la cama, distinguí lo que había venido a buscar. Di unos pasos más, era como si estuviera midiendo la distancia, no más de la necesaria, para alargar mi brazo y poder coger aquella bolsa. Eso hice, la agarré con fuerza para acercarla a mi pecho mientras sentía como si un peso arqueara mi espalda. Giré sobre mis talones y como un autómata, recorrí el poco espacio que me distaba del pasillo cerrando la puerta con un portazo que me pareció de lo más doliente. No sé porque lo hice pero me volví y, sosteniendo la bolsa con una mano, coloqué la otra sobre la puerta y susurré “lo siento”.
Música: Chilhood -Yann Tiersen
miércoles, 23 de marzo de 2011
Oktapodi...
"Si las ventosas hablaran..." - Dijo la "pulpa" al pulpo...
lunes, 21 de marzo de 2011
La mujer de la noche
jueves, 17 de marzo de 2011
El piano - Capítulo X "Viaje a España"
Raúl cogió el teléfono y contestó:- Si
- Señor Sanders tiene una llamada de una Gabriela Swan desde España...¿le paso la llamada? – dijo su secretario con voz clara.
- Si por favor Steve...
- ¿Hola? - se escuchó al otro lado de la línea.
- Si Señorita Swan. Soy el señor Sanders.
- Por favor llámeme Gabriela. Se me hace raro lo de señorita Swan.
- De acuerdo Gabriela... en ese caso puede llamarme también por mi nombre si quiere.
- Raul, no?
- Si... – sintió algo extraño al escuchar como ella pronunciaba su nombre – ehm...esto... recibió mi fax no? Iba a llamarle, como le comenté la última vez que hablamos, pero se ha adelantado.
- Si bueno... Quería solucionar esto cuanto antes.
- Pues claro. Precisamente quería comentarle al respecto. Verá, tengo que ir a España por viaje de negocios. Estaba pensando en aprovecharlo para yo mismo ocuparme del traslado del piano, de ese modo digamos que me aseguraría personalmente de que llegue en perfecto estado.
- Pues...se lo agradezco muchísimo pero usted me dijo que no habría problema, que el embalaje era seguro, no me gustaría que tuviera que molestarse.
- No es molestia, se lo aseguro. Además ya le digo que tengo que ir por negocios. En su ciudad hay casas de antigüedades que me gusta visitar y hace verdaderamente mucho tiempo que tenía organizado ir. Su regalo será también para mí como una obligación para hacerlo.
- ¿Para cuándo sería eso?
- Pues a finales de mes. Debo establecer mi agenda y retomar contactos en España aún. ¿Le parece bien?
- Si. Sería perfecto... aún... aún estoy habituándome a algunas cosas. Me gustaría, eso si, saber las medidas del clavecín. Ehm... tendré que ir viendo donde colocarlo...
- Claro...le diré a mi secretario que le vuelva a enviar un fax con las medidas. Incluso si quiere le envío una foto.
- No...prefiero verlo cuando esté ya aquí. Las fotos nunca muestran del todo la belleza de las cosas.
Raúl sonrió. El en cierta medida era de la misma opinión. Jamás había adquirido una obra de arte, fuese la que fuese, sin haberla visto anteriormente en persona..
- Si... Le mandaré las medidas por fax. Yo tengo una idea pero no las se exactas.
- De acuerdo. Gracias Raúl – Gabriela suspiró y algo dubitativa preguntó – ¿Le...le dijo algo mi padre...? quiero decir...no se....
- Se lo que quiere decir... Quiere saber lo que hablé con su padre... La última conversación que tuve con él fue precisamente a su llegada a Londres para establecer una visita a mis almacenes al día siguiente. Se empeñó mucho en ver el clavecín antes de ser embalado... Aún así me extrañó que pusiera tanto empeño en pagarlo antes de adquirirlo. Por lo normal se ingresa la mitad del importe de la pieza y posteriormente la otra mitad en la entrega. Pero el me dijo una frase que no me dejó duda de que tenía la certeza de que sabía lo que hacía.
- ¿Qué frase? – me mordí el labio algo emocionada por lo que Raúl estaba contando.
- Pues... su padre me dijo... “no tengo la menor duda de que mi hija sabrá descubrir hasta los acordes más ocultos y jamás antes escuchados que este clavecín ofrece en su interior”.
martes, 15 de marzo de 2011
Nessun Dorma - Pavarotti
Nessun dorma! nessun dorma!
tu pure, o principessa,
nella tua fredda stanza
guardi le stelle
che tremano d'amore
e di speranza.
Ma il mio mistero é chiuso in me,
il nome mio nessun saprà!
no, no, sulla tua bocca lo dirò
quando la luce splenderà!
Ed il mio bacio scioglierà il silenzio
che ti fa mia!
Dilegua, o notte!
tramontate, stelle!
tramontate, stelle!
all'alba vincerò!
vincerò, vincerò!
vincerò!
